domingo, 26 de octubre de 2008

Hombres para la Igualdad de Género

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En los años setenta se empezaron a formar grupos de trabajo, de hombres, para fomentar la igualdad de género en los países nórdicos, posteriormente en Estados Unidos, y luego se ha ido extendiendo por muchos países de Europa y de América Latina.
El enemigo común era el machismo-sexismo, que hace a los hombres injustos, violentos y discriminadores. Y contra esa mentalidad hay que luchar .

No basta que haya leyes en las que explicitamente se recoja que no habrá discriminación por razón de sexo.

Debe haber una conciencia en los hombres, una educación en la familia y en los colegios, un esmerado seguimiento de las leyes en las empresas y en cualquier otra institución pública o privada.

La igualdad en todos esos ámbitos, favorecerá erradicar la violencia de género, esencialmente contra las mujeres, pues desde niños se percatarán que hombres y mujeres tienen las mismas responsabilidades y funciones, y no hay preponderancia de ninguno de ellos.

Los Grupos de hombres para la Igualdad se reúnen para profundizar en esos valores y para fomentarlos en todos los ámbitos.

Las mujeres también tienen que mentalizarse en esa igualdad, y dejar atrás costumbres, tradiciones y atavismos que las hacía desempeñar un trabajo diferente al de los hombres, desempeñando las funciones caseras y de cuidado de los hijos en exclusividad.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Ojalá lloviera flores


Ojalá lloviera flores
frescas, aromáticas
sonrientes y alegres
que nos cubriera
de arriba hasta abajo
como una nube blanca
y que nos transportara
a un mundo utópico
donde todos nos amáramos
donde hubiera comprensión
amor, paz y felicidad.
-
Ojalá lloviera flores
que inundaran nuestra alma
de pequeños momentos felices
de hermosos diálogos de ancianos
de alegres juegos de niños
del abrazo de la mamá
y de los consejos sabios del papá.
-
Ojalá que lloviera flores
flores de mañana fresca y colorida
que resurgieran todas las ilusiones
todos los anhelos, todas las amistades
y que emergieran todos los amores.
-
Que llueva flores sobre las ciudades
sobre los campos, los ríos
los valles y montañas
y que florezcan
como florece el amor
en los corazones tiernos
de los eternos enamorados.
-
¡Que viva la vida y el amor!
Y que lluevan flores,
muchas flores
sobre todos los enamorados
en señal de júbilo
de paz, amor y felicidad.
-
Este poema lo escribí en contestación a un post de Marysol, y ésta me sugirió que lo publicara en una nueva entrada.

sábado, 18 de octubre de 2008

Los tres maestros

Foto Google

Los tres maestros

El pequeño saltamontes le preguntó:─ ¿Cómo pudiste tener maestros distintos y que se contradecían entre sí?

El maestro le contesto:
─ Yo asistía a las enseñanzas de tres maestros diferentes que platicaban en tres templos distintos.

El primero nos decía que es necesario guiarse de las intuiciones y actuar con valor para cambiar la vida.

El segundo nos hablaba de la observación del mundo que nos hacía sabios y de la imposibilidad de cambiar nada.

El tercero nos describía la importancia de la reflexión y la necesidad de actuar después de adquirir una experiencia determinada.

Eran como tres generales que van a la contienda dispuestos a ganar pero con ideas totalmente diferentes.

─ ¿Y que pasó en la batalla?

─ Qué perdieron los tres.

─ ¿Ninguna de las estrategias resultó efectiva?

─ El primero fracasó por su premura, su apresuramiento, su feliz atolondramiento. Acertó muchas veces y su celeridad le dio una ventaja sobre los demás pero, con sólo una batalla final, quedó derrotado.

─ El segundo maestro no deseaba actuar sino observar.─ El segundo maestro fracasó porque le abandonaron sus discípulos hartos de su iniciación. Sus descripciones del mundo eran fantásticas pero inútiles; el mundo le superó y lo dejó de lado.

─ ¿Y el tercero que proponía actuar y reflexionar?

─ El tercer maestro tuvo discípulos importantes y poderosos, actuó como consejero de los Daimios más importantes de nuestro país pero también se equivocó en muchas ocasiones dejando pasar un tiempo precioso. La vida nos supera muchas veces si no tomamos una decisión rápida y certera. Los jóvenes daimios lo abandonaron deseosos de emular y superar rápidamente las gestas de sus padres. Finalmente, también se quedó sin discípulos.

─ Estaban equivocados.─ Y tenían razón. Lo que os enseñé fue una reunión de los tres maestros para actuar en cada ocasión con una estrategia distinta ya que el enemigo cambia. Muchas veces, el atolondramiento de mi primer maestro era mucho más efectivo que la sesuda reflexión. Otras veces, al contrario. Esto es lo que me enseñaron los tres maestros: a actuar con personalidades diferentes según cada acontecimiento.

─ Pero, ahora dudas, maestro.

─ Sí. Luego, me di cuenta de que yo también tenía razón y estaba equivocado.─

Maestro, eso no lo dijiste cuando nos enseñabas en el templo y nuestros corazones saltaban de nuestros pechos por la emoción que sentíamos al oírte.

─ Porque si hubierais pensado que dudaba, no me hubierais tratado de maestro. Es necesario engañar a los discípulos para enseñarles la verdad.

─ No lo entiendo.

─ Ya lo entenderás.

─ Se alcanza la sabiduría cuando se sabe que los maestros tenían razón pero estaban equivocados. Pero, sólo se llega a maestro cuando se sabe que uno mismo también está equivocado.
Hay personas que son demasiado reflexivas y no actúan; las hay que son un poco precipitadas. ¿Cómo te consideras tú?

Cuando te percatas de tus errores, ¿los reconoces con humildad aun ante tus discípulos o tus interlocutores?

Cuento zen.

martes, 14 de octubre de 2008

Noche plácida del alma


Cae la noche sobre el lago. Noche plácida, todo en calma. Hay quietud en mi alma que observa con detenimiento la música de la ligera brisa y del canto de los queltehues. Lo demás, silencio.
Me acompaña mi perro Drako que se desplaza a mi ritmo, callado. Se para cuando yo me paro, él se sienta y me observa.

La luna, majestuosa, ilumina el lago, en el cual refleja sus nítidos rayos de luz. Está inmensa, es luna llena. Los gigantescos árboles del Condominio parece que la están acariciando, pues sus altas copas se proyectan hasta el borde de nuestra amiga. Unas blancas nubes la acompañan en su paseo vespertino.
Silencio total. Quietud. Paz. Agradecimiento al Creador por este regalo maravilloso que nos ha concedido.
Así permanecí largo tiempo, en observación de este sublime cuadro.

Mi mente se transporta a todos los continentes y mares, a todos los países del mundo, a todos los pueblos de la Tierra. Pido por todos, por la conservación de la Naturaleza, por los marginados, por los enfermos, y les envío todas mis vibraciones positivas.

Entre todos podemos crear una corriente de pensamientos positivos, de Paz y Amor.
Mi máquina de fotos no captó la imagen como hubiera deseado, por lo que opté por elegir una de Google.

viernes, 10 de octubre de 2008

El valor de cada uno


Foto Google

El valor de las cosas. Una historia zen .

Esta es una historia que nos enseña que el verdadero valor de las cosas solo puede ser apreciado por un experto.

"Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?"
El maestro, sin mirarlo, le dijo: -Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después...- y haciendo una pausa agregó: Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
-E...encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.-Bien-asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó- toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete ya y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta. Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.-Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
-Qué importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.-¡¿58 monedas?!-exclamó el joven. -Sí -replicó el joyero- Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... si la venta es urgente...
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor? Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.


¿Esperas que otro te diga cuánto vales o tú sabes tu verdadero valor?

¿Quién podría decirte, además de tú mismo, el valor que tienes?


martes, 7 de octubre de 2008

Camino de Santiago: Preparación

El Camino de Santiago tenía para mí connotaciones especiales: espirituales, filosóficas, históricas y artísticas.
En ese momento me encontraba en un proceso del camino interior, participando en sentadas, zazen, que es una contemplación en silencio, sólo acompañado por un mantra.
La preparación física para el Camino, además de seguir con las actividades de contemplación, la realicé en mi pueblo natal, La Aldea de San Nicolás, en la carretera que conduce del pueblo hasta la presa del Caidero de la Niña.
Hay una distancia de doce kilómetros, aproximadamente. Existen cuestas notables que serían importantes para una buena preparación.
Caminé varios días con el mismo calzado, unas botas bien ajustadas, y unos gruesos calcetines de hilo para evitar la formación de ampollas.
Llevaba también una mochila con el peso aproximado que iba a portar durante el Camino de Santiago.
Cada día recorría varios kilómetros, siempre acompañado por el mantra que utilizaría en el Camino y que me permitiría combatir el cansancio y el sufrimiento que me podría afectar.
Se recomienda recorrer de 20 a 35 km durante el Camino, aunque cada uno debe ir a su ritmo.
Durante el entrenamiento tenía un gran recogimiento espiritual. Caminaba con buen ánimo y con ilusión en la empresa que iba a acometer.
Yo estaba muy emocionado, pues recorrería el mismo trayecto que habían hecho cientos de miles de peregrinos durante muchos siglos, los cuales habían dejado una gran carga de espiritualidad que era captada por todos los peregrinos.
Unos días antes nos reunimos en el Club Victoria, en la Playa de las Canteras, para recoger la credencial, la cual debíamos portar y hacer que la firmaran dos veces al día en los refugios y lugares de peregrinación, como conventos, iglesias y otros expresamente habilitados para ello. De esta forma podría conseguir "la Compostela", en la Catedral de Santiago.
Por fin llegó el momento de tomar el avión con destino a Madrid, luego continuaría en tren hasta Ponferrada, en León, donde comenzaría el Camino.
Foto: Juan Antonio

sábado, 4 de octubre de 2008

El Camino hacia el Yo interior


Cuando iniciamos el camino hacia nuestro Yo interior, no sabemos con qué nos vamos a encontrar.

Estamos presentes totalmente en el aquí y el ahora. Somos conscientes del camino a tomar, que probablemente durará algunos años.

En los primeros momentos recorremos parajes conocidos, encontramos a personas de nuestro entorno y situaciones de un pasado reciente.

Pasado un tiempo, nos vamos tropezando con situaciones traumatizantes que tuvieron lugar hace mucho tiempo, con personas con quien tuvimos serias divergencias y con coyunturas que nos hicieron sufrir mucho.

En algunas de estas situaciones, rompemos a llorar desconsoladamente. Hemos abierto una herida del pasado que cerró mal.

Éste es el primer paso para reconocer el mal que nos aqueja y, al ser consciente de él, ya no nos dañará más.

A mí me sucedió un par de veces. Después de una sentada, zazen, di un paseo y, de repente, recordé algún problema grande que estaba enquistado y empecé a llorar de forma compulsiva.

¿Les ha sucedido a ustedes algo parecido?

miércoles, 1 de octubre de 2008

¿De qué tamaño es la piedra?

Foto: Google

En un encuentro de meditación en los Pirineos, un día realizamos una marcha por un bosque exuberante, adornado por un hermoso lago y un río caudaloso.

En un momento dado, el Maestro nos mandó, a cada uno, a recoger una piedra que tendríamos que cargar hasta el río.

Unos recogieron una piedra mediana, otros varias piedras pequeñas y, los menos, una gran piedra que apenas podían con ella.

Hicimos un gran recorrido hasta llegar al río. Allí el Maestro nos dijo que nos acercaríamos al puente, y en medio de él, la lanzaríamos al agua.

Y así lo hicimos. Algunos con lágrimas en los ojos, gritamos al lanzarla, como una descarga de un gran peso que llevábamos con la piedra.

Al fin, el Maestro nos explicó que cada uno eligió la piedra según el tamaño de su pena que llevaba dentro. Unos teníamos un problema mediano, otros, varios pequeños, y los de más allá, uno muy grande.
Al lanzar la piedra al río, algunos lo hacían con rabia, pues no sólo se quitaban el gran peso de la piedra que cargaban, sino el peso de la pena que portaba su corazón.

¿De qué tamaño sería la piedra que cogerías?