Lago Villarrica, con el humeante volcán del mismo nombre. (Ciudad de Villarrica, Chile.)
Lago Caburgua.
Juan Antonio en el lago Calafquén, el 14 de marzo de 2009.
Lago Calafquén. Licán Ray.La arena del desierto es para el viajero fatigado lo mismo que la conversación incesante para el amante del silencio. Proverbio persa. - "If you can not handle me at my worst, you don't deserve me at my best."
Lago Villarrica, con el humeante volcán del mismo nombre. (Ciudad de Villarrica, Chile.)
Lago Caburgua.
Juan Antonio en el lago Calafquén, el 14 de marzo de 2009.
Lago Calafquén. Licán Ray.
La preparación del Camino de Santiago fue muy concienzuda. Nos habíamos informado de la importancia de llevar una mochila no muy pesada, pues a la larga podría repercutir en lesiones o heridas en los pies.
Yo, delante de la tienda. (Lamentablemente no pude agrandar la foto.)Después de Villafranca seguimos, en distintas etapas, a O Cebreiro, Triacastela, Portomarín y Palas de Rey.
Al llegar a este pueblo yo tenía unos dolores insoportables en los dedos de los pies. Acudí a Enfermería y me diagnosticaron que tenía ampollas debajo de las uñas. Durante esa tarde utilicé chanclas para descansar. Tenía el firme propósito de calzarme de nuevo mis botas y seguir adelante. Nos faltaban aún más de 50 km en dos etapas.
Por la mañana muy temprano nos levantamos e iniciamos el camino, siguiendo siempre la flecha amarilla en dirección a Santiago. Al poco tiempo me era imposible dar un paso más. Yo no quería abandonar la empresa de postrarme ante el sepulcro del Apóstol.
Al fin me decidí a caminar con las chanclas. Y así llegué hasta Arzúa, junto a dos compañeras, una de las cuales se encontraba enferma, por lo que desde la recepción del hotel llamaron a un médico para que la tratara. El grupo se había dividido en tres, debido a complicaciones físicas o que algunos iban demasiado de prisa. Quedamos en vernos en el albergue posterior, a la entrada de Santiago de Compostela.
A la mañana siguiente partimos hacia O Gozo (El Gozo) que se encuentra a unos 5 km de la catedral. Llegamos allí después de unos 25 km de duro camino, pues las chanclas me impedían avanzar con facilidad.
Descansamos toda la tarde, guardando la ilusión de bajar hasta Santiago de Compostela al día siguiente por la mañana.
El espíritu indomable de los peregrinos, que no se dejan vencer por el pesimismo, por el cansancio, por la enfermedad o por cualquier otra adversidad, es un ejemplo a seguir en nuestra vida.
El peregrino tiene una especie de adrenalina que le impulsa a seguir: es la motivación de llegar a Santiago de Compostela, a postrarse ante la tumba del apóstol; al mismo tiempo, disfrutar en el Camino, el recogimiento y espiritualidad diarios y gozar del paisaje y de la compañía de los otros peregrinos.
Fotos: Juan Antonio

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