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lunes, 11 de agosto de 2008

Encuentro con Buda




Entre montañas boscosas, cubiertas de árboles nativos chilenos, con un suave olor a flores y a plantas, acompañado por miles de gusanos, pájaros y otras especies de la rica fauna me encontré en el fondo de una quebrada por la cual fluía un estero.

Observé cómo Buda me sonreía silenciosamente.

Me preguntó que quién era.

-¿Quién soy? - ¿Quién soy?- me volví a preguntar.

Me quedé absorto en ese pensamiento.

No sé si estaba sentado o de pie, o recostado en un árbol o en una roca.

¿Quién soy? -me cuestioné nuevamente

Mi mente quedó paralizada, no sabía cómo contestar a esa pregunta que al mismo tiempo era sencilla y difícil.

Yo sabía mi nombre, pero creo que Buda quería otra respuesta un poco más profunda.

Yo soy un hombre sencillo que nunca se había planteado preguntas tan difíciles. ¿Difíciles?

Era un hombre que estaba sentado en aquella quebrada a más de quinientos metros de la cima de la montaña, escuchando a los pájaros cantar.

Escucho la suave melodía, como un constante repiquetear de campanas al formar el agua ondas sonoras, cuando toca las distintas clases de piedras, con diferentes tamaños, texturas y colores.

La suave brisa hace moverse las ramas, las hojas y los tallos de las plantas tocando una melodía celestial.

Mientras permanezco con los ojos cerrados me voy percatando y discriminando los distintos sonidos que se entremezclan formando una melodía inigualable.

Puedo escuchar los sonidos por separado o bien la sinfonía en conjunto.

Continúo con los ojos cerrados y me sigo preguntando que quién soy.

Ante la inmensidad del universo, en aquel ignoto lugar para la mayoría de los habitantes de la Tierra, me considero un ser pequeño, ínfimo. Podría ser como un insecto, como un ave, o tal vez como la rama de una planta o la hoja de una flor. O tal vez la mariposa multicolor que revolotea entre las flores. Tal vez podría ser la abeja que se empeña en su trabajo constante en el panal.

Pero soy un hombre en el fondo de una insignificante quebrada en un pequeño planeta llamado Tierra que pertenece al sistema Solar, pequeño sistema dentro del infinito, para nosotros, universo.

Buda me sonríe de nuevo en señal de que había comprendido mi contestación, después de haber estado observándome mientras pensaba.

Me quedo relajado después de mi diálogo con Buda y hago un recorrido hacia atrás.

Llegué hasta este lugar porque conocí a una Maestra Zen. Estuve intentando encontrar a esta persona desde que llegué a este bello país. Tal vez era mi destino encontrarla. Pero, ¿sera mi Maestra definitiva o tal vez sea un eslabón más para conseguir el que pondrá punto y final a las enseñanzas para el crecimiento espiritual?

Estoy decidido a seguir evolucionando, quiero continuar haciendo oración, meditación, contemplación. Es mi camino. Sé que en algún momento de mi vida lo dejé interrumpido. Quizás en otras vidas anteriores me sucedió lo mismo.

Ahora es el momento de llegar hasta el fin.

¿La evolución espiritual tiene fin o es un camino interminable?

Aunque, después de todo, lo importante es ser feliz en el camino. Y cada paso que uno vaya dando es un logro importante que producirá múltiples beneficios para el cuerpo y para el alma.

lunes, 28 de julio de 2008

Cómo mejorar nuestro entorno

Se convocó una reunión informativa para aportar ideas con el fin de conservar el medio ambiente de la zona.

Se celebró en un salón de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Sede Regional Villarrica.

Estuvo muy interesante y al final nos dieron la dirección del correo electrónico por si queríamos aportar algunas ideas.

Ésta fue mi aportación, a la cual nunca recibí contestación.

Enviado: 07/11/2006


Estimados Sres. del GEO juvenil Chile:

La Araucanía, y especialmente la zona Villarrica-Pucón, no conozco Curarrehue, es una lugar privilegiado por los dioses. Por fortuna aún la densidad de población es baja, por lo que el deterioro que se le ha podido infringir a la zona todavía no es alto, a pesar de la poca conciencia medioambiental de la generalidad.

Los bosques de la Araucanía, con su gran variedad de especies de flora y fauna, sus ríos y demás correntías de agua, las montañas, los lagos, los contrastes de colores, el aire que se respira, la tranquilidad y la espiritualidad de la zona son únicos en el mundo; con la particularidad que todavía estamos a tiempo de conservarlos y que podemos dejar a nuestros hijos y nietos un medio ambiente en los niveles en que se encuentra hoy, y mejorarlo, si se pudiera.

¿Qué podríamos hacer con el fin de que no se deteriore el medio ambiente?

- Podríamos depurar las aguas del lago ya contaminadas por los vertidos sin control.

-Controlar aquellos vertidos industriales y los que proceden de las cloacas y de los pozos negros de las casas a los esteros, ríos o directamente en el lago.

-Controlar urgentemente los vertidos de las pilas y baterías (mercurio, niquel-cadmio, óxido de manganeso, siendo las más dañinas las de botón, principalmente las de óxido de mercurio.

Controlar los vertidos de residuos no biodegradables: vidrio, latas, hierro, etc.

Reducir considerablemente la producción de humos por medio de la combustión de leña, especialmente la de pino, y peor si es leña húmeda. Es especialmente peligrosa la contaminación durante la época fría en Villarrica, no sólo por la atmósfera y la capa de ozono, sino por producir alergias y enfermedades bronco-pulmonares y cualquier tipo de cáncer.

-No se debería construir la carretera por la playa, puesto que perjudicaría la estética del lugar tan maravilloso como el lago Villarrica.

-Tampoco se debería autorizar la construcción de edificios cerca de la playa que obstruyeran la vista del lago, de la vegetación y de las montañas que lo bordean.

¿Qué podríamos hacer para conservar nuestro entorno de la forma más óptima posible?

-Construir una depuradora para todas las aguas que se vierten a los ríos y que desembocan en el lago u otros ríos.

-No verter aceites al alcantarillado, sino recogerlos para reciclarlos (hasta que no se disponga de la planta depuradora.)

-Hacer una gran campaña ciudadana para concienciar a todos del peligro de las pilas y baterías, colocando recipientes en todas las tiendas expendedoras de ellas. Luego se encargaría alguien para que pasara a recogerlas y enviarlas a los lugares elegidos para su almacenamiento y posterior envío para su reciclaje.

-Recoger los vertidos de forma separada: papel y cartón; botellas de cristal; latas, garrafas y botellas de plástico, y finalmente el material biodegradable.

-Realizar un estudio de impacto medioambiental y estético de la costanera y buscar un lugar alternativo de construcción.

-Instalar calefacción a gas en los domicilios, subvencionado por el Estado con lo que se ahorra de gastos médicos y farmacéuticos que se evitarían; así mejoraría también la calidad de vida de los ciudadanos.

-Para evitar que haya mucha contaminación por bolsas de plástico, que las encuentra uno en todos los sitios, incluyendo playas, calles, etc...Se deberían cambiar las bolsas de plástico por las de tela (como se hace en Alemania), se venderían a un precio razonable y el que quiera una bolsa de plástico la tendría que pagar bastante cara, con el fin de desincentivar su uso.

-Concienciar a los ciudadanos en ahorrar energía eléctrica, puesto que entre más se consuma, más contaminación habrá, ya que para obtenerla se usa combustible que es altamente contaminante.

.La gran cantidad de perros callejeros, creo que perjudica la calidad de vida de los naturales del lugar como de los turistas, pudiendo en cualquier momento ocurrir una desgracia, o acarrerar enfermedades por no estar controlados. Debería haber un estricto control de los canes, según un Plan estudiado y aprobado por la Municipalidad, con su correspondiente presupuesto.

Aunque no nací aquí, ésta es mi patria, la amo como propia y la defiendo como el que más.

Pienso que la patria de uno no es donde nació, sino donde vive y donde se integra con su Naturaleza y con sus gentes.

Espero haber aportado mi granito de arena con el fin de preservar la Araucanía que Dios nos prestó para que la disfrutáramos, conservándola en todo su esplendor.

Afectuosos saludos.

lunes, 21 de julio de 2008

El salto del León


Al pie del Volcán Villarrica está cobijada Pucón, ciudad eminentemente turística. En ella predominan los negocios de restauración y los de artesanía. También los hay dedicados al turismo de aventura, como subida al volcán, navegación por el lago, surfing, esquí acuático, canopy, rafting en los ríos Trancura o en el Palguín, cicloturismo, trekking, etc.

Es sábado por el mediodía. Hace calor, puesto que ya se aproxima el verano, el cual empezará el 21 de diciembre. Pucón recibe ya a muchos turistas que han adelantado sus vacaciones estivales o bien se han venido a pasar unos días, aprovechando el largo puente de la Concepción.

Mi compañera de viaje y yo decidimos darnos un chapuzón en el lago Villarrica, aprovechando el estupendo día que hacía, en una hermosa playa con vegetación que llega casi hasta la orilla, de tal forma que las olas juegan con los árboles haciéndoles cosquillas e incitándolos a reír de buena gana. Después de pasar una mañana digna de los más importantes dignatarios, tomamos un ligero almuerzo en un restaurante, cuyos propietarios cruzaron la Cordillera a asentarse en este bello paraje, dándole un puro sabor argentino: la construcción es totalmente de madera, con unos troncos de todos los tamaños y grosores entrelazados artísticamente, allí se sirve unas carnes a la brasa que son una delicia, carne traída de la Pampa argentina...

Más tarde decidimos hacer una excursión en auto hasta Curarrehue, que se encuentra en el Camino Internacional hacia el vecino país, Argentina.Tomamos la carretera que va desde Pucón hasta Caburgua y a mitad de camino de ésta nos desviamos por el Camino Internacional. Nuestro destino es Curarrehue que se encuentra a 29 km desde el inicio del Camino que nos llevará a Argentina. Durante todo el trayecto nos acompañaron los árboles como fieles amigos que nos alegran la vista y el corazón. Hileras de álamos, altos y enhiestos hacia el cielo, nos sonríen y nos saludan a nuestro paso. Los gualles, los pinos y los tepas hacen coro con el suave viento para amenizarnos el camino con una dulce melodía, con este instrumento de viento natural. El volcán Villarrica, blanco y majestuoso rey de la Araucanía Lacustre, nos saluda con sus impresionantes fumarolas al viento. La principal, por el cráter que se encuentra en su cima, expulsa gran cantidad de humo que es inequívoca señal que se encuentra vivo y con ganas de hacerse ver y escuchar. En su interior corre una energía superior a la atómica: la fuerza de la Naturaleza, incontenible cuando quiera hacerse realidad, cuando desee expresar su inefable potencial. Ríos de fuego y lava se cuecen en sus entrañas, pero de momento sólo se atisba su enigmática fuerza en sus fumarolas al viento, como recordándonos que está ahí en su plenitud de grandeza y poderío. Por la falda del volcán que mira hacia la ciudad de Pucón se puede observar otro cráter más diminuto, por donde una fumarola más pequeña va formando nubecillas de humo blanco.A veces expulsa humo gris oscuro, formando espesas nubes de ese color, mezclándose con los altostratos y altocúmulos blancos de formas sorprendentes que adornan los cielos de la zona lacustre.Todo el camino hasta Curarrehue es espectacular, riachuelos, corrientes de agua, ríos, bosques, inmensos prados pintados de verde de distintos tonos, adornados con vacas, toros, ovejas, caballos y unos pequeños conejos que vemos corretear alegres de mata en mata, como jugando al escondite.

Llegamos a Curarrehue y nos saluda la Cordillera que se eleva hacia el cielo y desde sus altas cimas nos saludan, con sus faldas cubiertas de un frondoso bosque de hermosos árboles nativos.

El río Trancura ya pasa alegre con las aguas del deshielo, poco después de su nacimiento en la Cordillera de los Andes, junto al volcán Lanín, en Argentina. El inicio del Trancura lleva el nombre de río Puesco. La parte inicial del río es diferente a los ríos chilenos, con grandes saltos y escalones, casi como la de los alpinos europeos.

Una vez que salimos de Curarrehue hacia Pucón nos encontramos con un precioso meandro del río que se fue abriendo camino como pudo entre el bosque y las rocas. Junto a este meandro del río Trancura pudimos observar un gran campo recién pintado de verde, con el césped bien cortado por las vacas, caballos y ovejas. En su ribera se estableció hace tiempo un hermoso árbol con un follaje muy tupido, en forma de copa. Se parece a una señora gruesa y robusta que acoge a todos sus hijos, y es protectora de ellos y de su intimidad. Sólo tiene dos ventanas por las que entran los pájaros que han aposentado sus nidos en su interior y donde se encuentran seguros.

Continuamos en dirección a Pucón hasta encontrarnos con la desviación hacia las termas de Palguín. Desde dicha carretera hacia el interior, a unos diez kilómetros, se llega a las termas. Lugar idílico rodeado de bosques, ríos, montañas, cascadas y mucha tranquilidad. La temperatura media de sus aguas durante todo el año ronda los 30°C.

A unos metros más arriba observamos el cartel que nos indica la entrada hacia el Salto del León. Una vez pasado todo el camino lleno de bellezas extraordinarias nunca pudimos imaginar que nos encontraríamos con lo máximo en cuanto a esplendor de la Naturaleza. Se abría ante nuestros ojos un enorme semicírculo boscoso, lleno de coigües, tepas, robles y otras variedades de árboles nativos en menor cantidad, como ulmos, cipreses y raulíes. Algunos de ellos de cientos de años que miran desde lo alto el paso del tiempo, felices de percibir la música del riachuelo que procede del salto de agua, del murmullo de la suave brisa y del canto de los pajarillos que en ellos anidan, o simplemente se posan en sus ramas como saludo de buenos vecinos. Especialmente llamativo es un enorme y espectacular coigue que tiene más de mil años de antigüedad. El grosor de su tronco es tan grande que seis hombres unidos por sus manos no lo podrían rodear, y una altura de muchos metros que no sabría precisar. Tan majestuoso árbol nos llena de admiración y de sorpresa. ¡Cómo ha visto el transcurrir del tiempo! Ajeno a todos los avatares del hombre sobre la Tierra. No sabe de conquistas, ni de invasiones, ni de guerras, ni de hecatombes naturales o producidas por la mano del hombre. A su lado yacen enormes troncos que cayeron por la fuerza del hacha o carcomidos por las termitas o distintas enfermedades. Los hay muy gruesos, posiblemente milenarios, los hay jóvenes que no pudieron sobrevivir a tales ataques. También hay gruesos troncos cortados como si sirvieran de asientos para los visitantes. Seguimos caminando y ya percibimos, además del murmullo del río, el rugido del león que se lanza desde lo alto del cerro, y cayendo en picado, se va a estrellar sobre la roca, dulce cobijo de sus aguas durante miles de años. Es una roca muy grande donde se forma una laguna, pero es tanta el agua que cae alborotada y en busca de sueños escondidos que no se detiene en ese lecho, sino que se precipita más abajo, hacia el pie del cerro donde se forma una segunda laguna. Allí no para mucho tiempo el agua, sino que ávidamente corre río abajo, en un manantial cristalino y fresco procedente del deshielo del volcán Quetrupillán, también llamado "El Mocho", por su figura recortada debido a una gran explosión que hizo desaparecer la mitad de la montaña. En la actualidad tiene 2.360 m. Está situado en el Parque Nacional Villarrica, en el Sector de Quetrupillán.

Es curioso que el volcán Lanín, en Argentina, con el Quetrupillán y el Villarrica están situados en una línea imaginaria en sentido este oeste.Toda la zona del volcán Quetrupillán está cubierto de coigües y araucarias, y en su interior se forma en primavera una "laguna azul".

Seguimos contemplando el Salto del León, es espectacular, grandioso. Es la arquitectura genial de la Naturaleza, o de la mano de Dios. Las aguas caen en vertical desde 95 m de altura; al chocar en la roca, donde se encuentra la primera laguna, rebota juguetona y la brisa se encarga de jugar con ella y la traslada hacia la pared del cerro contiguo al salto. Entonces entra en juego el sol que descompone la luz blanca del agua en un espectacular arco iris, donde predominan los colores naranja, amarillo y violeta.

Este salto de agua es permanente, de verano a invierno. Y el arco iris también, siempre y cuando haya sol y una ligera brisa levante las cortinas de agua.

La combinación de los colores del arco iris con la musicalidad producida por el gran salto y la eterna melodía del río, más el canto de los pájaros, los suspiros de los vetustos árboles y el silencio del frondoso bosque hace que caigamos en un éxtasis, en una increible admiración por los dones de la Tierra que están a nuestra disposición para poder disfrutarlos.Tanta belleza transporta a uno hasta niveles superiores de conciencia, quedándome por largo rato extasiado y sorprendido por los prodigios de la Naturaleza. Al fin, los tordos, diucas y zorzales con sus trinos nos despiertan del sueño que tuvimos: vimos una cascada maravillosa, en un paraje incomparable, al tiempo que escuchábamos la eterna melodía olvidada. Volvimos sobre nuestros pasos con pena por dejar tanta maravilla y espectacularidad atrás, prometiendo regresar con más tiempo para poder admirar tanta belleza. De regreso en auto hacia la carretera principal pudimos observar a algunos monitores de rafting, los cuales se encontraban preparando sus equipos para los siguientes grupos que ya llegaban en minibuses. El río Trancura es uno de los más idóneos para practicar este deporte de aventura.

Al fin llegamos a Pucón y decidimos descansar para ordenar nuestras ideas y recapacitar sobre la inefable excursión que habíamos realizado. Tomamos un café en una céntrica cafetería, comentamos la estupenda jornada realizada, al mismo tiempo que hacíamos votos para volver con más tiempo y captar aún mejor tan inmenso tesoro de la Naturaleza.

En la noche fría del invierno estrellado

En la noche fría del invierno estrellado mi mente vuela hacia ti con perseverante amor, con una inmensa alegría de tenerte siempre en mis más profundos sueños.
Ni la soledad que invade mi corazón, ni la lejanía de las estrellas más brillantes del firmamento, ni el caudaloso y furioso río me pueden separar de ti.
Cuando sueño en los fuertes y esplendorosos sauces que bordean el lago de tu vida, más fuerte es mi decisión de continuar en la misma barca, remando con fuerza, con perseverancia, con decisión.
No importa la furiosa fuerza de las aguas lacustres, ni la crecida que casi cubre mi boca, mi espíritu y mi razón.
Finalmente llegará el sol del verano que calentará mi corazón, necesitado de tu amor, de tu calor, de tu palabra y de tu ser.
Llegarás tú cual arco iris de intensos colores que derretirá mi tristeza y mi desazón por la vida. Iluminarás mi espíritu desde lo alto de tu atalaya, con gesto sonriente y amoroso.
Con voz fuerte y cálida, sembrada de tonos de amor, dirigirás nuestra barca por sendas tranquilas de armonía y paz, sin desánimo, ni indecisión.
Donde el césped de intensos tonos verdes será el símbolo de un nuevo amanecer en nuestras vidas. Reverdecerán muchas ilusiones perdidas a través de años de incomprensión y desamor.
Al fin llegará la mañana de la alegría, dejando atrás negros nubarrones, sueños incontrolados y la escarcha del corazón.
Tus ojos marrones de Princesa enamorada llegarán hasta mí con la inusitada fuerza del amor, penetrando hasta las más profundas grietas de mi corazón, curando las heridas del pasado.
Tu sonrisa de musa de mis versos y cuentos fantásticos me envolverán en una ola de amor y poesía, rememorando inolvidables tiempos en que la felicidad inundó nuestros corazones en una vorágine de intensos sentimientos de amor profundo, como río benefactor de alegres y coloridas praderas.
Tu palabra cálida regará los campos de fresas y amapolas, secando las lágrimas del intenso frío que las envolvió durante la noche, volviéndose suaves y transparentes, cálidas y apasionadas, sabrosas y delicadamente lindas.
En esta alegre e ilusionante mañana caminaremos por la misma senda tomados de la mano para no separarnos jamás.

Aquí quiero morir

¡Aquí quiero morir! - Suspirando exclamó el poeta ante tan bello paraje.

Caminaba indagando las fuentes de la Naturaleza, buscando vestigios del nacimiento de la Tierra subió el camino entre intenso follaje del bosque, sólo acompañado por los pájaros, por los insectos y por otros animales que de vez en cuando hacían acto de presencia. Mi alma navegaba en silencio por senderos ignotos para mí. Un rayo traspasaba los altos árboles que habían ascendido mucho en busca del rayo de sol que les alimentara durante toda su vida.
Hacía un poco de frío, a pesar de encontrarse ya la primavera en su pleno apogeo. Pensaba en la inmensidad del universo. Pensaba en la inmensidad del alma. Del largo camino recorrido hasta llegar hasta ese lugar que le había cautivado. Posiblemente hubo una sincronización entre el alma de mi alma y el alma de la montaña, de la fresca brisa, de los animales que me acompañaban.
Dejé a un lado mi mochila, cargada sólo con lo imprescindible, una muda de ropa, una botella de agua, los útiles de aseo, un cuaderno y un lápiz y un libro: la Biblia. Éste es el libro filosófico y de meditación por excelencia. A veces me paro y leo un pequeño versículo y reflexiono sobre su contenido, la trascendencia que tiene para la humanidad, y me llega la paz al alma que descansa durante un tiempo indefinido.
Otras veces me paro y arrodillándome elevo mi mirada y las palmas de mis manos hacia el cielo y mantengo un diálogo fluido con el Creador. Doy gracias a Dios por todo lo que me ha concedido durante la vida.
He recorrido miles de kilómetros para llegar hasta este lugar, pues procedo de unas islas cercanas al continente africano, las Islas Canarias. He buscado durante décadas el lugar mágico que me dictaba mi corazón y que algun día percibí en sueños.
Pasado un tiempo indeterminado procedí a continuar la ascención de la montaña pintada de verde y grana, con enormes árboles nativos chilenos: araucarias, bellotos, boldos, cipreces, coigues, lingues, maitenes, notros, palmas, quillays, raulíes, tepas y ulmos, arrayanes, canelos, lengas, melíes, peumos y robles.
Caminaba despacio escuchando el lenguaje de la Naturaleza, el suave murmullo de las hojas, la sonora música de la brisa, el canto alegre de los pájaros. La deliciosa melodía del río que transcuría alegre por un barranco junto a la montaña. Los rayos de sol ponían el color a aquel maravilloso lugar. Paso tras paso escalaba la montaña visualizando mentalmente la entrada y salida de aire a los pulmones. Una y otra vez lo veía nítidamente. De repente mi mente se escapaba y pensaba en todos los lugares de Chile que había recorrido hasta entonces: la Cordillera de los Andes con sus altas cimas, con su nieve, con algún pueblo que embellece sus paisajes como El Cajón del Maipo, tranquilidad, belleza, espiritualidad cercana al olvido se siente en la casa donde estuve durante unos días, jugaba con el río que transcurría por su valle, me introducía en el bosque sintiendo su alma y su corazón, llegando a una total conjunción con mi espíritu.
Mientras más subía la montaña más se podía ver, puesto que la luz ya iluminaba el camino, iluminaba mi vida y la vida de los miles de animales que vivían en esa parte del bosque. Me impresionan las araucarias, enormes árboles siempre verdes que pueden llegar hasta los cincuenta metros de altura y pasar de los tres metros de grosor. Éstos árboles han sido mudos testigos del paso de un largo tiempo, algunos de los cuales han superado los mil años de vida.
De repente, observo unas trampas colocadas en el suelo bien mimetizadas para que los animales caigan en sus redes. La mano criminal del hombre no piensa sino en su provecho, en su egoísmo. Estos huachis o trampas forman parte de la ancestral equivocación del hombre de vivir de espaldas a la Naturaleza. Los jabalíes y pumas que bajan en invierno para buscar alimento caen en sus redes. Los cazadores los atrapan y matan para aprovechar su piel, su carne, sus huesos, no importándoles que sean razas en peligro de extinción, o que dejaran a una familia de jabalíes o de pumas sin el progenitor que bajó en busca de alimento para sus cachorros.
A veces caen en esas trampas algunos perros del vecindario que aprovechan el agradable lugar para darse sus paseos o para jugar.
Asciendo un poco más y ya se vislumbra la cima de la montaña. Me percato que es una vasta planicie desde la que se vislumbra el pie del volcán Villarrica, las montañas aledañas al volcán cubiertas de espesa vegetación. Poco más tarde pude descubrir que a la derecha discurre el río Correntoso y por el otro lado otro río aún más caudaloso.
Se respira un aire de tranquilidad casi absoluta, solo me acompañan los ruidos propios de la Naturaleza, del mundo animal, vegetal y mineral.
Me arrodillo y miro al cielo, doy gracias a Dios por haber llegado hasta ese maravilloso y recóndito lugar, donde se respira paz y tranquilidad.
Allí pasó unos días, tomando el agua del río, y comiendo las frutas de los árboles.
La luz del Sol me ilumina y purifica mi alma, la suave brisa de la Cordillera limpia las costras de mi corazón y la compañía de los animales y de los árboles me sirven como ejemplar y dignificante compañía.
Me arrodillo y me concentro de nuevo en mi respiración. Quiero llegar a la profundidad de mi alma. Largo camino que sólo unos pocos han llegado como los místicos españoles San Juan de la Cruz, Sta Teresa de Jesús; también Buda, Jesús de Nazaret y otros.
Ayuno durante un tiempo, sólo tomando agua pura del manantial de vida y mi espíritu cada vez se hace más liviano, cada vez profundizo más en mi alma. Hasta que al fin hablo con Dios que se encuentra en el confín de los confines de mi alma. Y allí me siento Dios. Dios y yo somos Uno.
-De este lugar ya no me marcharé nunca más.

-¡Aquí quiero morir!

jueves, 17 de julio de 2008

Villarrica, hermoso lago e imponente volcán

En los meses de enero y febrero se llena la zona de turistas procedentes de diversas zonas del país, pero la mayoría procede de Santiago. Después de un largo recorrido, unos 800 km aproximadamente, llegan cansados a la cabaña, dejan sus bártulos, se ponen el bañador y las zapatillas y se tienden en la arena a orillas del lago. Contemplan lo plácido que se encuentra, las montañas que lo bordean y la abundante vegetación que lo adorna. A lo lejos vislumbran el volcán Llaima, al cual pueden observar, a pesar de la distancia, cómo flamean las llamas y la intensa humareda que se eleva unos cuantos kilómetros. De repente miramos mucho más cerca y observamos al volcán Villarrica y nos preguntamos, ¿habrá alguna conexión subterránea entre ambos volcanes? ¿Empezará a bramar en medio de la noche mientras dormimos?
En nuestro subconsciente quedará tal interrogante hasta que abandonemos estas ubérrimas tierras.

Tamarán