domingo 31 de mayo de 2009

Somos seres de Luz

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En la tranquila tarde el sol nos sonríe y nos llena de toda su energía formando un bello cuadro con los árboles del bosque y con el alegre canto de los pájaros.
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Los rayos del sol juguetean con las copas de los árboles, llenando todas las ramas de vivos colores, de contraste con las sombras del atardecer.
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Los árboles, plantas y flores se quedan extasiados ante tan prodigiosa visita que les deja unos efectos embelesadores.
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Yo toma conciencia de mi cuerpo, me encuentro relajado, en calma, dejo tranquilos mis pensamientos que van de un sitio a otro, de momentos de la vida cotidiana, de los futuros proyectos, de sucesos y encuentros de antaño. Poco a poco se va tranquilizando, va encontrando el punto donde entra la Luz a mi espíritu, mi conciencia individual entra en consonancia con la Luz Universal y camino mentalmente hacia la Nada.
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Visualizo cómo la luz, lentamente, va invadiendo todo mi cuerpo. Me encuentro lleno de la gratificante luz. Observo cómo esa va iluminando todo el contorno, a mis familiares y amigos, a los conocidos y a todos los seres del universo.
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Esa luz nos va transformando a todos en seres especiales, en seres de Luz y Amor. Una ola de paz y amor se va extendiendo por todo el Universo. Vemos a los planetas, al Sol, a la Luna, a las estrellas y a las galaxias, hasta los confines del Universo, llenos de luz.
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Todos tenemos conciencia de que somos Uno, de que todos estamos interrelacionados. Tenemos buenos sentimientos y se lo expresamos a los que nos rodean.
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Poco a poco vuelvo a mi realidad, intentando que ese viaje lleno de Luz y de Amor continúe en cada uno de los actos cotidianos de mi vida.

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Foto Juan Antonio

domingo 17 de mayo de 2009

La taza de té (Cuento zen)



Es conocida la historia de Nan-in, un Maestro japonés que vivió en la era Meiji, y lo que le sucedió con un profesor universitario que fue a visitarlo intrigado por la afluencia de jóvenes que acudían al jardín del Maestro.
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Nan-in era admirado por su sabiduría, por su prudencia y por la sencillez de su vida, a pesar de haber sido en su juventud un personaje que había brillado en la Corte. Aceptaba en silencio que algunos se sentaran con él al caer la tarde, pero no debían importunarlo después de la meditación. Entonces, parecía algo serio y hasta hosco, pero no era más que la necesaria readaptación mientras trabajaba en su jardín, pelaba papas o remendaba la ropa.
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El prestigioso profesor se hizo anunciar con antelación haciendo saber que no disponía de mucho tiempo, pues tenía que regresar a sus tareas en la universidad.
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Cuando llegó, saludó al Maestro y, sin más preámbulos, le preguntó por el Zen. Nan-in le ofreció el té y se lo sirvió con toda la calma del mundo. Y aunque la taza del visitante ya estaba llena, el Maestro siguió vertiéndolo.
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El profesor vio que el té se derramaba y ya no pudo contenerse.
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- ¿Pero no se da cuenta de que está completamente llena? ¡Ya no cabe ni una gota más!
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- Al igual que esta taza, - respondió Nan-in sin perder la compostura, ni abandonar su amable sonrisa -, usted está lleno de sus opiniones. ¿Cómo podría mostrarle lo que es el camino del Zen, si primero no vacía su taza?
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Airado, el profesor se levantó y con una mera inclinación de cabeza se despidió sin decir palabra.
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Mientras el Maestro recogía los trozos de porcelana y limpiaba el suelo, un joven se acercó para ayudarle.
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- Maestro, ¡cuánta suficiencia! Qué difícil debe ser para los letrados comprender la sencillez del Zen.
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- No menos que para muchos jóvenes que llegan cargados de ambición y no se han esforzado por cultivar las disciplinas del estudio. Al menos, los estudiosos ya han hecho una parte del camino y tienen algo de lo que desprenderse.
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- ¿Entonces, Maestro, cuál es la actitud correcta?
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- No juzgar, y permanecer atento.
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Foto tomada de la Red.
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lunes 27 de abril de 2009

Tenemos dos opciones: Aceptar y luchar o amargarnos, ¿cuál eliges?


Estuve acomodando leña y me clavé una astilla insigificante. Traté de extraerla, pero no pude, me fue imposible, pues estaba clavada muy profundamente. Pensé que más tarde lo haría, quería terminar el trabajo para irme a duchar, luego cenaría y me dispondría a escuchar música o a leer algún libro interesante.
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Así lo hice, pero me olvidé del resto de astilla que se me había clavado. Más tarde me acosté y me empezó a latir el dedo con un cierto dolorcillo. Pensé que por la mañana me lo quitaría sin falta.
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A los pocos minutos ya el dolor era considerable. Me encontraba inquieto y no podía conciliar el sueño. No pasaron muchos minutos y parecía que se me iba a estallar el dedo.
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Me levanté con prontitud, tomé un alfiler, lo esterilicé y lo introduje con cuidado en el lugar donde se enconraba el pequeño cuerpo extraño y conseguí extraerlo. De repente me encontré aliviado, sin molestias. Me lavé el dedo con agua y jabón y me apliqué un antiséptico y me fui a la cama donde me quedé dormido al instante plácidamente.
Este hecho me hizo reflexionar y compararlo con los problemas que se le presentan a uno y la forma de afrontarlos.
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Tal como sucedió con la astilla, si se dejan sin solucionar cada vez va emporando nuestra estabilidad y equilibrio emocional.
Cuando tengamos un conflicto lo hemos de analizar, buscar la mejor solución y llevarla a cabo lo antes posible.
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La mayor parte de las veces los problemas que surgen no son difíciles de solucionar, sólo falta decisión y voluntad de hacerlo. Y en caso de postergarlos, cada vez se van emponzoñando hasta que se hace imposible convivir con ellos. Al final, terminaremos por afrontarlos y solucionarlos. Pero, ¿para qué esperar a que se agraven, si los podemos arreglar desde el principio?
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Otras veces nos preocupamos de algo que finalmente no se produce. Entonces, ¿para qué adelantarnos a los acontecimientos?
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Nosotros podemos vivir con tranquilidad de mente y de espíritu, si vivimos el aquí y el ahora, disfrutando de todo lo que nos ofrece la Naturaleza y valorando todo lo que tenemos. ¿Para qué preocuparnos de lo que carecemos? Muchas veces eso es mucho menos determinante que lo que realmente poseemos.
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Es hermosa la vida si la sabemos vivir. Levantarnos con optimismo, con buenos pensamientos, con una reflexión, disfrutando de todo lo que vemos, lo que hacemos, de la compañía de los que nos rodean. Todo eso ayuda a pasar el día con más alegría y provecho.
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Nadie duda que hay problemas, que se pasa por una crisis, pero si la afrontamos con buen ánimo lo pasaremos mejor. Es importante estar ocupados, pues una mente inactiva es proclive a buscar los problemas y magnificarlos.
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Además, nosotros tenemos dos opciones, el aceptar y luchar, o amargarnos y mirar para otra parte.
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¿Qué eliges tú?
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Foto tomada de la red.
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miércoles 8 de abril de 2009

Cuento zen

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Chiyono era una mujer bella. Aunque en su interior atesoraba el amor más puro y hermoso, la mayoría de los hombres que se acercaron a su vida buscaban disfrutar del deseo que les despertaba la perfección de su cuerpo. Y Chiyono descubrió que no había hombre que pudiera corresponder a su amor; que el único amante que podía ver lo que los ojos velaban era el amor divino. Y vagó de monasterio en monasterio, y en todos recibió la misma negativa.
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Su belleza sólo podría alterar la tranquilidad de los monjes, y hasta era posible que consiguiera con su sola presencia que más de uno abandonara la austeridad y el silencio.
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Chiyono, cansada de ser valorada sólo por su aspecto, deformó su cuerpo sometiéndolo a dolorosas quemaduras. Su rostro, de piel aterciopelada y blanco perla, era ahora carne viva y purulenta. Tras recuperarse de sus heridas, decidió volver a visitar los monasterios que antes le habían cerrado sus puertas.
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Al ver su aspecto y conocer el porqué de su estado, los monjes aceptaron respetuosamente su presencia y valoraron su deseo de volcar su vida al despertar divino.
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Cuando pudo por fin dedicarse a lo que quería, estuvo años -década tras década- realizando las mismas rutinas, pacientemente, intentando mantenerse alerta a las indicaciones de los maestros y a sus propias experiencias.
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Su vida era bien sencilla pero había aprendido que no eran las actividades en sí las que daban plenitud y sentido a la vida, sino la actitud con que éstas se realizaban.
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De sus maestros había aprendido también a observarse al caminar… al fregar el suelo… al preparar la comida… al meditar sentada frente a un muro carente de objetos… Observaba su aburrimiento, su tristeza, su ira, su sueño… y sabía que en la realidad iluminada nada de esto era de ella… Si se aburría, se decía: “el aburrimiento está pasando por mí”… Si reaccionaba con ira, no la reprimía, ni justificaba; se observaba y se decía: “La ira está pasando por mí”.
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Y así estuvo años y más años, intentando ir más allá de la aparente repetición de la rutina, para descubrir la cualidad de frescura y espontaneidad que tenía, no la acción en sí (fuera o no fuera nueva), sino la vivencia constante en el eterno presente.
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Una noche, realizando una de las tareas propias de su rutina, fue a buscar agua a un pozo cercano. Tras llenar el destartalado cubo, se dispuso a llevarlo con calma y cuidado para no perder parte de su preciado contenido durante el camino. La noche, de nubes y claros, estaba tenuemente iluminaba por el resplandor de una hermosa luna llena.
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Chiyono alternaba su vista en el suelo, la Luna y el reflejo oscilante de ésta en el agua del balde. De repente, mientras observaba el reflejo de la luna en el agua, tropezó, cediendo las asas y rompiéndose al impactar contra el suelo.
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Durante unos instantes, la monja Chiyono permaneció inmóvil, observando los restos del cubo y cómo el agua se filtraba poco a poco en las porosidades del suelo. Luego, miró directamente a la Luna. Y en ese sencillo percance, tras años de esfuerzo, paciencia y tenacidad, Chiyono se iluminó.
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Rememorando lo que sintió en ese instante, escribió: De un modo u otro traté de mantener el cubo íntegro, esperando que el débil bambú nunca se rompiera. De repente, el fondo se cayó. No más agua; no más reflejo de la Luna en el agua: vaciedad en mi mano.
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lunes 23 de marzo de 2009

En Villarrica, Chile, ¿cuándo llega el otoño?

Lago Villarrica, con el humeante volcán del mismo nombre. (Ciudad de Villarrica, Chile.)

La zona de Villarrica, Pucón, Caburgua y Lican Ray estuvo muy concurrida por veraneantes nacionales y extranjeros aprovechando las cálidas aguas de los lagos Villarrica, Caburgua y Calafquén para bañarse o practicar los deportes náuticos.


Lago Caburgua.

Después del espléndido verano, en el que apenas llovió, cuando lo normal en otros años era que cayeran grandes aguaceros varias veces, durante algunos días consecutivos, llegó el otoño.
Juan Antonio en el lago Calafquén, el 14 de marzo de 2009.

Desde hace tiempo ya estamos preparados con la suficiente leña seca para las estufas de combustión lenta, ya que la calefación eléctrica o de gas son muchísimo más caras.

Ya están listos los guantes y calcetines de lana, los gorros, las bufandas, la ropa interior de puro invierno, los anoraks o parkas, las camisas de franela y todo lo preciso para combatir el frío.

Sabemos que desde mediados de marzo ya empiezan a refrescar los días, pero este año ha sido una excepción. Hoy hizo un sol espléndido y la predicción meteorológica es que seguirá el tiempo soleado durante toda la semana.

Tomamos estos días como un regalo para admirar el paisaje con esta luminosidad que alegra la vista y el alma. Nosotros estamos contentos, como lo están los pájaros que nos deleitan con sus melodías cada mañana y cada atardecer, las abejas que todavía rondan, de flor en flor, libando el polen de las bellas flores que aún permanecen adornando el jardín, también Drako, mi pastor alemán, que corretea por los prados, o pasea conmigo cimentando las lecciones de su adiestrador.

Los últimos turistas disfrutan de sus paseos en barco por las azules aguas de los lagos o las salidas nocturnas a comer en algún restaurant, o a bailar en alguna dicoteca o tomar algo en un pub, mientras se charla con los amigos.
En los últimos tiempos he percibido un cambio en el clima de la zona. En los primeros años de mi estancia aquí, llovía intensamente y hacía un frío atroz, pero últimamente ha cambiado.

Yo compré leña para la calefacción en mayo, para terminar el invierno y parte de la primavera, pero aún me queda un resto para empezar el mes de abril, o sea, que me ha durado diez meses. ¡Verdaderamente soprendente!

Definitivamente, el clima de esta zona ha cambiado mucho.
Lago Calafquén. Licán Ray.

He notado la disminución del nivel freático en La Araucanía. La preocupación por la reducción de las lluvias y del caudal acumulado es general en nuestro Planeta, tanto que la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 22 de marzo como el Día Munidal del Agua.

Debemos ser conscientes de la escasez de este líquido elemento. Por lo tanto, debemos ser cuidadosos con su consumo y tratar de mentalizar a los otros para que lo sean tambien.

Fotos Juan Antonio

martes 17 de marzo de 2009

Camino de Santiago: La dura ruta del peregrino

La preparación del Camino de Santiago fue muy concienzuda. Nos habíamos informado de la importancia de llevar una mochila no muy pesada, pues a la larga podría repercutir en lesiones o heridas en los pies.

De suma importancia era también calzar unas buenas botas, bien ajustadas con calcetines gruesos.

Nosotros iniciamos el Camino en Ponferrada, provincia de León. Allí pernoctamos en un albergue para peregrinos.

A la mañana siguiente nos levantamos temprano y, después de varias horas de camino, llegamos a Villafranca del Bierzo. Tras hacer una larga etapa tuvimos que caminar bastante para llegar al albergue. Allí nos adjudicaron una tienda de campaña para 4, pero luego acomodaron a dos más, puesto que no había más tiendas libres. Eran dos chicas españolas muy simpáticas.
Yo, delante de la tienda. (Lamentablemente no pude agrandar la foto.)

De mi grupo de Canarias éramos dos en aquella tienda, más un francés y tres españoles, dos chicas y un chico.

De madrugada alguien de otra tienda fue al baño y encontró allí a las dos chicas, desveladas, al preguntarles qué hacían en aquel sitio, respondieron:

-Hay dos señores que roncan mucho y no nos dejan dormir.-Pobrecitas, uno de ellos era yo.

La experiencia me enseñó que siempre había que llevar tapones para evitar problemas como éstos.

A los pocos días ya la mochila me pesaba mucho. Algo tenía que eliminar para evitar tanto peso. Después de analizar todo lo que llevaba, no pude quitar nada.

Una compañera sí que pudo. Regaló su mochila grande y se compró una pequeña. La mayor parte de sus cosas las envió por correo a su casa o las regaló.

Dos amigas, una española y una italiana, sólo llevaban la ropa puesta, un pareo y una toalla. Se veía que iban ligeras de equipaje.

Tal vez suceda lo mismo con nuestras pesadas responsabilidades o cargas innecesarias. Algunos las pueden dejar atrás con facilidad, pero otros las cargan durante toda la vida.

Así se fueron sucediendo las etapas, en un ambiente increíble de camaradería y misticismo, captando las energías de los cientos de miles de peregrinos que las fueron dejando a través de los siglos.

Después de Villafranca seguimos, en distintas etapas, a O Cebreiro, Triacastela, Portomarín y Palas de Rey.


Al llegar a este pueblo yo tenía unos dolores insoportables en los dedos de los pies. Acudí a Enfermería y me diagnosticaron que tenía ampollas debajo de las uñas. Durante esa tarde utilicé chanclas para descansar. Tenía el firme propósito de calzarme de nuevo mis botas y seguir adelante. Nos faltaban aún más de 50 km en dos etapas.


Por la mañana muy temprano nos levantamos e iniciamos el camino, siguiendo siempre la flecha amarilla en dirección a Santiago. Al poco tiempo me era imposible dar un paso más. Yo no quería abandonar la empresa de postrarme ante el sepulcro del Apóstol.

Al fin me decidí a caminar con las chanclas. Y así llegué hasta Arzúa, junto a dos compañeras, una de las cuales se encontraba enferma, por lo que desde la recepción del hotel llamaron a un médico para que la tratara. El grupo se había dividido en tres, debido a complicaciones físicas o que algunos iban demasiado de prisa. Quedamos en vernos en el albergue posterior, a la entrada de Santiago de Compostela.

A la mañana siguiente partimos hacia O Gozo (El Gozo) que se encuentra a unos 5 km de la catedral. Llegamos allí después de unos 25 km de duro camino, pues las chanclas me impedían avanzar con facilidad.


Descansamos toda la tarde, guardando la ilusión de bajar hasta Santiago de Compostela al día siguiente por la mañana.

El espíritu indomable de los peregrinos, que no se dejan vencer por el pesimismo, por el cansancio, por la enfermedad o por cualquier otra adversidad, es un ejemplo a seguir en nuestra vida.

El peregrino tiene una especie de adrenalina que le impulsa a seguir: es la motivación de llegar a Santiago de Compostela, a postrarse ante la tumba del apóstol; al mismo tiempo, disfrutar en el Camino, el recogimiento y espiritualidad diarios y gozar del paisaje y de la compañía de los otros peregrinos.

Fotos: Juan Antonio

lunes 9 de marzo de 2009

Cuento zen



Miedo a morir, miedo a vivir

Viajaba un piloto sobre el desierto cuando su aeronave sufre un desperfecto y cae inevitablemente en las olas de arena. Aunque logró salir ileso, al descender del avión se da cuenta que su cuerpo comienza a hundirse en arenas movedizas.

– ¡Pero qué mala fortuna!- pensó el hombre, -¡cómo es posible que haya sobrevivido al choque para caer en este maldito embrollo!

A medida que su cuerpo desaparecía en la arena, una serpiente le observaba con detención.

–!Por favor, sácame de aquí y juro que te lo compensaré!- dijo el piloto.

La serpiente pensó: Pobre, ahora que está a punto de perder la vida cree que puede hablar con serpientes.

En un acto de gran compasión la serpiente ocupó su cuerpo para sacar al piloto de su trampa mortal.

–Gracias! ¿Qué puedo hacer para compensarte?

- La serpiente lo miraba y pensaba: Pobre, ahora que recuperó su vida no sabe qué hacer con ella.
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Foto tomada de la red
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