Navegaba como vaporoso pájaro entre las nubes
nubes de algodón sedoso que acariciaban mis alas
me encontraba en un lugar donde jamás antes estuve
con el Señor que siempre otorga luz a mi alma.
El sol iluminaba el horizonte con su manto de color
el cielo se acercaba y casi lo podía tocar con la mano
era Dios el que me llamaba con sumo amor
y yo con Él me fui al encontrarlo tan cercano.
Me acogió con dulzura y con un amor infinito
me sumergió en una luz fuerte de intenso calor
yo me sentía como su amado hijo bendito
no deseaba volver a la tierra sin su bendición.
Me acerqué a Él con profundo respeto
lo miré a los ojos con gran veneración
me bendijo y me habló muy quedo:
Regresa y da fe de mí yo te espero con amor.
Foto y texto:
Juan Antonio Quintana Hernandez



