miércoles, 8 de abril de 2009

Cuento zen

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Chiyono era una mujer bella. Aunque en su interior atesoraba el amor más puro y hermoso, la mayoría de los hombres que se acercaron a su vida buscaban disfrutar del deseo que les despertaba la perfección de su cuerpo. Y Chiyono descubrió que no había hombre que pudiera corresponder a su amor; que el único amante que podía ver lo que los ojos velaban era el amor divino. Y vagó de monasterio en monasterio, y en todos recibió la misma negativa.
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Su belleza sólo podría alterar la tranquilidad de los monjes, y hasta era posible que consiguiera con su sola presencia que más de uno abandonara la austeridad y el silencio.
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Chiyono, cansada de ser valorada sólo por su aspecto, deformó su cuerpo sometiéndolo a dolorosas quemaduras. Su rostro, de piel aterciopelada y blanco perla, era ahora carne viva y purulenta. Tras recuperarse de sus heridas, decidió volver a visitar los monasterios que antes le habían cerrado sus puertas.
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Al ver su aspecto y conocer el porqué de su estado, los monjes aceptaron respetuosamente su presencia y valoraron su deseo de volcar su vida al despertar divino.
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Cuando pudo por fin dedicarse a lo que quería, estuvo años -década tras década- realizando las mismas rutinas, pacientemente, intentando mantenerse alerta a las indicaciones de los maestros y a sus propias experiencias.
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Su vida era bien sencilla pero había aprendido que no eran las actividades en sí las que daban plenitud y sentido a la vida, sino la actitud con que éstas se realizaban.
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De sus maestros había aprendido también a observarse al caminar… al fregar el suelo… al preparar la comida… al meditar sentada frente a un muro carente de objetos… Observaba su aburrimiento, su tristeza, su ira, su sueño… y sabía que en la realidad iluminada nada de esto era de ella… Si se aburría, se decía: “el aburrimiento está pasando por mí”… Si reaccionaba con ira, no la reprimía, ni justificaba; se observaba y se decía: “La ira está pasando por mí”.
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Y así estuvo años y más años, intentando ir más allá de la aparente repetición de la rutina, para descubrir la cualidad de frescura y espontaneidad que tenía, no la acción en sí (fuera o no fuera nueva), sino la vivencia constante en el eterno presente.
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Una noche, realizando una de las tareas propias de su rutina, fue a buscar agua a un pozo cercano. Tras llenar el destartalado cubo, se dispuso a llevarlo con calma y cuidado para no perder parte de su preciado contenido durante el camino. La noche, de nubes y claros, estaba tenuemente iluminaba por el resplandor de una hermosa luna llena.
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Chiyono alternaba su vista en el suelo, la Luna y el reflejo oscilante de ésta en el agua del balde. De repente, mientras observaba el reflejo de la luna en el agua, tropezó, cediendo las asas y rompiéndose al impactar contra el suelo.
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Durante unos instantes, la monja Chiyono permaneció inmóvil, observando los restos del cubo y cómo el agua se filtraba poco a poco en las porosidades del suelo. Luego, miró directamente a la Luna. Y en ese sencillo percance, tras años de esfuerzo, paciencia y tenacidad, Chiyono se iluminó.
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Rememorando lo que sintió en ese instante, escribió: De un modo u otro traté de mantener el cubo íntegro, esperando que el débil bambú nunca se rompiera. De repente, el fondo se cayó. No más agua; no más reflejo de la Luna en el agua: vaciedad en mi mano.
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26 comentarios:

Mayela Bou dijo...

Juan Antonio, he estado un poco ausente, pero esta noche me traje el cafecito para tomarlo en tu blog y me he encontrado con este cuento tan bello.
Gracias por compartirlo.
Un abrazo amigo mío!

Nerina Thomas dijo...

Guaaaaaaaaaaaaaaauuuuuuuuuuuu!!
qué tal? sabio omo siempre amigo.
Gracias!!!
mi cariño

María dijo...

Me encanta todo lo que se trate de Zen porque son sabias palabras y ofrece mucha fuerza interior, me ha encantado este cuento, y te agradezco mucho que lo hayas compartido amigo Juan.

Un beso y felices días.

T and S dijo...

Fabulous shot, the place looks like a heaven on earth, I would anyday trade my apartment for it. I know I m dreaming.

KarolinaB dijo...

olá juan!
obrigada pela visita. Tive dificuldades de entender o texto do post, mas verei se entendo melhor depois.

Un abrazo

mj dijo...

Estoy pensando que comentar de este cuento zen, me he quedado impactada con lo de "vaciedad e mi mano"...todo lo perdido y a la vez encontrado,Juan?
No sé...ya me diras
Un abrazo enorme
mj

Marysol dijo...

Siempre hay un punto crucial en el que lo viejo desaparece y lo nuevo comienza, en el que renacemos. Ése fue el punto crucial. De repente, el agua se derramó y ya no había luna. Entonces Chiyono debe haber mirado hacia arriba para ver la verdadera luna. De repente despertó al hecho de que todo es un reflejo, una ilusión, porque vemos las cosas a través de la mente. Cuando se rompió el cubo, la mente también se rompió. Estaba preparada. Todo lo que podía hacerse ya se había hecho. Ella ya había hecho todo lo posible. No quedaba nada, estaba preparada, se lo había ganado. Este accidente ordinario se convirtió en el punto crucial. Vaciedad en mi mano.Esto es la iluminación: cuando todo está vacío, cuando no hay nadie, ni siquiera tú.
Me encantó , Juan Antonio, cada vez que leo cuentos como estos me llega la conciencia de lo poco que sé.
Besos, querido partner.

mardelibertad dijo...

Un bonito cuento,gracias por hacérnoslo llegar,
Me quedo con la frase, vaciedad en mis manos.
Besos

Geni dijo...

Que bello cuento aunque un poco duro que una persona tenga que sufrir para poder ser aceptada por los demás, pero es bastante real, y lo que quiere transmitirnos también.
Gracias querido amigo Juan, un besito.

Silvia Cristina dijo...

Bello relato....

Quede sin palabras...Buena la explicación de Marysol....

Felices Pascuas!!!! amigo Juan..Que la luz de Cristo ilumine tu corazón y te bendiga en todo momento....

Cariños,

Silvia

Luisa dijo...

¡Feliz Pascua de Resurrección!

* HADA ISOL dijo...

Hasta que no lei la explicación de Marysol,realmente no lo había entendido,después de leerlo,me ha gustado mucho! un abrazo!

SÓLO EL AMOR ES REAL dijo...

Así es buen amigo...
El vacío,
el vacio que lo contiene todo
el vacío donde todo es potencia
pero nada...

ya actualicé mi blog
te invito, buen hermano mio

Paz

Isaac

María dijo...

Juan, te dejo mis saludos, deseándote una feliz tarde.

Un beso.

Malena dijo...

Mi querido Juan: Es profundo este cuento y como siempre hace reflexionar. Creo que a veces, muchas veces, vamos buscando la verdad fuera de nosotros dejándonos influenciar, cuando la verdad dormita en nuestro corazón esperando que la despertemos.

Mil besos y mil rosas para tí, amigo mío.

Claudia Sánchez dijo...

Hola Juan! El vacío... un nuevo punto de partida, una nueva oportunidad para llenarnos con lo que realmente vale la pena.
Gracias por las enseñanzas Juan!
Besos,

Juan dijo...

Mayela Bou
Nerina
María
T and S
Karolina
María José
Marysol
Mardelibertad
Geni
Silvia Cristina
Luisa
Hada Sol
Isaac
Malena
Claudia Sánchez

Gracias por su visita y por sus perlas de amor que dejan con sus palabras.

Nuestro Yo interior es el cielo. El cielo no son nuestros pensamientos, ni lo que vemos, ni lo que sentimos. Cuando todo eso desaparece se queda el cielo vacío.
Sólo queda Dios, el Amor. Yo soy Amor, soy Dios.

Chiyono se quedó sin el agua y sin el reflejo de la Luna. Se quedó sin nada. Se quedó vacía. Limpia de toda influencia externa. Ella vio la luz por un instante. Quedó iluminada.

Un abrazo.

Elsis dijo...

Juan, bellísimo cuento, gracias por hacernos reflexionar!

Un fuerte abrazo querido amigo, siempre es un placer pasar por aquí!

Arnaud dijo...

I visited this one. The picture you show is actually the only place in this garden from where you can shoot a good picture.
Of course, as everyone takes the same picture, we have to wait for ages to shoot ours. :-)

Soñadora dijo...

Que precioso cuento este de Chiyono, después de tanto buscar en lo externo vino a encontrarse consigo misma en un pequeño incidente, en que quedó "vacía". Me gusta mucho el mensaje Juan Antonio, es tan importante desprendernos de todo y aprender a escuchar nuestro Yo interior, es decir Dios Amor que vive en cada uno de nosotros.
Besitos,

María Angélica dijo...

Intenso.... y filosófico relato que te deja interrogantes!!!

fire dijo...

que bonito...¡¡
la cultura oriental me fascina...aveces eh colgado algunos textos en mi blog...
gracias por esta belleza..
un abrazo juan
:-)

@Patrulich dijo...

Gracias por este cuento, Juan.
Una bella reflexión para compartir.

Te dejo un abrazo

Adrisol dijo...

que hermoso cuento oriental!!!
tiene tanto para reflexionar....
un abrazo, amigo

María del Carmen dijo...

REFLEXIVO CUENTO QUE DEJA MÁS QUE UAN ENSEÑANZA.
INVITA A REFLEXIONAR Y FILOSOFAR.

UN MUY BUEN POST!

UN ABRAZO DESDE ESTA BUENOS AIRES, PORTEÑA Y LEJANA
DE
MARYCARMEN
WWW.NEWARTDECO.BLOGSPOT.COM

SEISITO dijo...

Amigo juan paso de carrerita, te invito a un desafio muy entretenido,puedes verlo en mi blog y te escogi a ti entre muchas personas espero que te guste.
cariños y vuelvo luego
Antonia